La bella del dragón. De amores, sabores y fornicios. Álvaro Cunqueiro

Cunqueiro es una mariposa. Cunqueiro es una mariposa erudita que narra desde el realismo fantástico. Cunqueiro es una larva del lenguaje.

Las historias que narra este autor gallego son historias de un tipo que escribe como las mariposas que antes han sido capullos y han soñado, y así han conseguido imaginar cómo iba a ser el mundo que iban a encontrarse y sorprender a éste desde los clásicos, viviendo como larvas, siendo capullos, ahora mariposas. Para mí Cunqueiro es una mariposa multicolor. Yo no sé porqué no se habla más de Cunqueiro. Los escritores de hoy deberían leer todos a Cunqueiro. Los escritores de hoy deberían recitar una oración de Cunqueiro antes de abrir un archivo word y nombrarlo con el próximo título de un relato, de una novela. Los escritores de hoy se creen todos muy modernos, muy vanguardistas pero a un escritor de hoy le llevaría años escribir una página como lo hace Cunqueiro. Que se aguanten y que se jodan. Qué procaz, joder. Así se percatarán de que la semántica de la palabra escrita es un pozo rebosante de algodón dulce. Por cierto, me lo pregunto muchas veces, ¿usan el diccionario los escritores de hoy? Sí, lo usarán pero a escondidas, en la alacena, donde guardan las galletas para mojar en la leche.

Para leer a Cunqueiro he necesitado a Mr. Casares y a la Srta. Moliner. Cuando se narra desde el lenguaje más apegado a la tierra, desde el lenguaje parido desde la belleza, necesitas reencontrarte con tu ignorancia y tu estulticia. Tú que te creías ya culto, bicho volador, gilipollas lector, leyente Cinzano. Cunqueiro te revela que eres potencia para llegar al acto del entendimiento. Cunqueiro es una hostia dada a contrapelo.

Si eres critaura lúdica no sé a qué esperas para leer a Cunqueiro. Quien no lo haya hecho aún, está perdiendo el tiempo. Pero bueno, no hay lecturas más verdaderas que otras porque no todo el mundo se ríe con los mismos chistes. Yo me río con los zagales de Pablo Motos, tú seguro que no. Eso sí, con Cunqueiro te ríes porque el humor que derrocha abarca todos los matices. Puedes no leerlo. También tienes todo el derecho a perder el tiempo en contar gusanos de seda y caquitas de mariposa. Pero vuela y que no te coman los pájaros.

 

El libro de manera técnica: La bella del dragón. De amores, sabores y fornicios. Álvaro Cunqueiro. Tusquets Editores, 1991.

Imagen de Esther Limones. Natra Ovuando.

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Escritores ante el espejo de Anthony Percival (ed.)

Cuatrocientas páginas de cómo Tizón, de cómo Marías, de cómo Tomeo y Umbral, de cómo veintinueve escritores más, convocan y convocaron a las mismísimas hordas de la Creatividad. Con mayúscula, sí, qué menos. Hembra como es, yo no me atrevo a minusculearla.

Es un libro que deberían leer los que se aferran a pensamientos y prejuicios del estilo: escribir es tarea de un ratico, tarea de sobremesa y puro, de café y copichuela, de caricias a la mondonga y besos en el hocico, de ratos de cigarros mal apagados y chatos de vino endiosados. Dedicarse a escribir no es eso. Mis lectores son inteligentes y ya sabían que escribir no era eso. Bueno, por si las moscas. Otros piensan que escribir es una actividad que sólo desarrollan los que en folganza viven.

Escribir es un trabajo. Punto. ¡Un trabajo! Trabajo y creatividad, apostillo.

Escritores ante el espejo. Estudio de la creatividad literaria, en edición de Anthony Percival y publicado en Lumen en 1997 es un libro donde el arte del birlibirloque se hace verbo entre los dedos y el papel que usa el escritor, el de toda la vida, el que se mira al espejo todas las mañanas para enjabonarse y afeitarse, para maquillarse y hacer desaparecer, o por lo menos ocultar, las espinillas más brillantes. Los escritores son eternos adolescentes que luchan no sólo consigo mismos; también pelean cuando emborronan un papel, cuando desfloran su imaginación y pasan a ser seres felices, ser seres con actividad creativa de rezuma y vámonos. El escritor siempre espera la eflorescencia de su intelecto. Sólo así consiguen escribir.

Y en el libro, nos lo cuentan.

Libro antiguo, de 1997. Anotad la signatura por si tuvieseis la suerte de encontrarlo en la biblioteca: 82/ESC. Esto de la CDU es universal, ¿no?



Imagen de Dellacroix & Dellfina. Nowel Coward, escritor gay intelectual.

El arte de narrar de Marina Mayoral (Coord.)



Mamá, tengo problemas con un cuento. Le he perdido las tripas y los lobos están devorándolas. Temo por las sobras porque después sé que llegan los buitres. Mamá, necesito tu ayuda, tú que me has parido. Mamá, necesito narrar. Mamá, necesito tu sabiduría, tú que me concebiste en esa noche furtiva y fría. Quizás con el frío olvidaste engancharme al corazón el hato de la narratividad y yo quiero narrar, mamá, te lo juro, es lo que más deseo en esta vida. Quiero narrar pero sin tanto postín como he leído en este libro. Necesitaría hacerme sacerdote para aprehender lo que aquí exponen los listos, porque son unos listos por muy escritores que sean. Mamá, échame una mano, mamá, pégame dos hostias si lo crees necesario, susúrrame al oído derecho, al izquierdo, dame otra hostia, mamá, que duela y respóndeme ¿crees que necesito otra hostia más? Mamá, ¿qué hace falta para narrar, mamá?

Mamá se levantó de la mesa camilla. Mamá se levantó la falda como para airearse el coño de lo harto que lo tenía y así, con la falda en volandas se acercó donde estaba. Lo primero que hizo fue pegarme dos hostias, después inclinó su cabeza hasta mis oídos y bisbiseó: “Hijo, no seas tan gilipollas, toma un lápiz, toma un papel y redacta, narra y después, sin remilgos, ¡escribe! No hay más secreto, hijo de mi alma”.

Imagen de Federico Scalise. De la serenidad.

Una pareja de escritores de Raymond Chandler



De Chandler me gusta su apellido. Tiene un apellido como muy blogger. Hasta hoy no había leído nada de Chandler. No por desconocimiento sino porque el género policíaco no me entusiasmaba. Pero Chandler escribe muy bien, ambienta demasiado bien y hace un uso del lenguaje justo y preciso. Su traductor supongo que también tiene bastante en juego. Traduce Una pareja de escritores (y tres relatos más) José Ferrer Aleu. Editado en 1983 por Bruguera dentro de su colección Narradores de Hoy. Me hice con el libro porque quería establecer una comparación entre este título y el de Bernard Malamud, Los inquilinos. Chandler narra en un relato corto pero sabroso la relación no entre dos escritores, sino la de un matrimonio en el que ambos son escritores. Este punto de vista es esencial y de él se destilan comportamientos que hoy nunca podrían ser admitidos en esta sociedad tan, tan, tan igualitaria si hablamos de sexo. Malamud, por el contrario, lo hace entre un escritor negro y otro blanco. Me quedo con la obra de Malamud pero había que intentarlo. No he podido comparar nada. Destrozada la finalidad para la que había leído el libro, lo devuelvo a su anaquel. Ha sido libro de saldo y como no me apego a nada en este mundo, se lo regalaré a algún lector amigo. Es más, advierto que el primer lector o lectora que me envíe sus señas (leyente.cinzano@gmail.com), será agraciado con esta sabrosa novela. Hay que interactuar con el lector, sea como sea. Envío gratis, palabra de Cinzano.

L.h.d.C de M.L. Original 2


Coeditores, ¡visto bueno! 2 of 7.
Este es el original TWO. Enero 2009.

cimarrón, -a (de «cima», por alusión a los cerros adonde huían)
1 (Hispam.) adj. Se aplica al animal o la planta *salvajes para distinguirlos de los de igual especie domésticos o cultivados. ¤ También, al animal que ha huido y se ha hecho salvaje.
2 m. Se aplicaba en América al *esclavo que huía y vivía por el campo.
3 (n. calif.) adj. y n. m. Mar. *Holgazán.
4 (R. Pl.) Se aplica al *mate negro y sin azúcar.
V. «apio cimarrón, yaya cimarrona».

Imagen de Schiele, Nu Assis 1910.

E.n.P de A.J.A.V. Original 1

Primer inédito leído este año. Original 1, voy a denominarlo.

El autor se llama A.J.A.V y su obra se titula E.n.P. ¿Queréis más datos? No, ahora no. Habréis de esperar a que los chicos de Milésima configuren la página web y quizás esté allí como novedad de aquí a cuatro meses. Lo podréis leer, que es de lo que se trata. Después, lo compráis.

Ya no doy más datos porque ha pasado el corte del primer coeditor, que soy yo, Leyente Cinzano. Aún restan tres escalones más.

No, no doy más datos que en el mundo de la edición sobrevuelan también los buitres. ¿Qué os pensábais que sólo residían en Cazorla y en la Sabana?

Aprovecho la ocasión para ofrecerme como lector de originales. Lo hago bien, paso con cuidado las páginas y mis honorarios no son muy altos. Esto no es una broma, editoriales de España. Por si recaláis por aquí y necesitáis a un lector editorial competente y divergente, sobre todo divergente. Os susurro. Describo todo: que si atrapa al lector desde el comienzo, que si existen baches pronunciados, las sugerencias de mejora, que a qué público va dirigido, si a las ancianas de mesa camilla o a los niños de la consola; os lo puntúo -esto es gratis- de 1 a 10,5. Más aspectos: que si tiene valor literario, que si destaca el valor argumental, que si se va a vender o se va a quedar en un plis plas como libro de saldo. Os diría también si yo, Leyente Cinzano, regalaría el libro y en la misma bolsa os metería qué méritos destacables posee. Los defectos también os lo señalaría y cómo no, os haría una breve descripción y una sinopsis contundente y recordad, divergente. La guinda, porque me gusta poner guindas, sería la redacción de un texto para la contracubierta. ¿Qué más queréis, editoriales de España? Pues pedidlo, joder. Ah, esto entre paréntesis (estoy a puntito de acabar un máster de año y medio en edición). Sé editar libros en cuclillas y con los ojos cerrados.

También corrijo de la mano de José Martínez de Sousa. Que sabía mucho de corrección y ortodoxia estilística. Es un autodidacta este hombre y yo por eso lo admiro.

En breve, porque ya lo he leído, el libro de Chandler. Y después otro original que triunfará. Seguro. Un título con la palabra hembras triunfa.

Un mortal sin pirueta de Ernesto Calabuig



Un mortal sin pirueta de Ernesto Calabuig. Menoscuarto, 2008.

¡Vaya mortal sin pirueta! Lo hacía sin red y se ha deslomado. Vaya prosa más sosa, vaya autor, como dicen ahora, burgués. No me ha gustado el libro. Me he aburrido. Me he aburrido soberanamente.

Ernesto Calabuig deberá buscarse un pseudónimo si quiere que le lea algo más. Álvaro Pombo me ha engañado también. Tenía en cuenta su gusto pero ahora acoto, sólo para leer y alabar sus novelas.

Un mortal sin pirueta no es una novela sino retartalillas sin sal. Parecen relatos escritos por un adolescente donde la estructura de la presentación, nudo y desenlace está tan marcada que ahoga.

Opiniones no científicas de un lector que bebe Cinzano.

Ah, lo olvidaba. Si algún día me sobra el tiempo y edito una revista de corte, talante y genio literario, los lectores de la misma podrán estar seguros de que todos los libros que se recomiendan para su lectura habrán sido leídos y evaluados. Así por lo menos nos aseguramos de que exista otro punto de vista más, distinto al del editor de la obrita y evitar hacer perder el tiempo a los lectores. Me da a mí que la Revista Narrativas no hace lo mismo. Se admiten apuestas.

Imagen de Marina Olmi. Circo Real.

La llave de Junichiro Tanizaki


Tanizaki. ¿Quién es Tanizaki? El japonés muerto que escribió un cuento y que la revista Quimera publicó en su número 282 y que yo, en una mañana fría de diciembre y en una biblioteca de esta ciudad donde leo, leí. Las mujeres no suelen convertirse en monos pero Tanizaki convirtió una mujer en mono, que lo he leído yo y lo que lee uno es verdad. Ese cuento fue el culpable de que al día siguiente, en otra biblioteca más grande de la ciudad donde suelo leer, hallase un libro de Muchnik Editores que está descatalogado y que tengo que conseguir para el anaquel 2B izquierdo de mi biblioteca particular de la habitación de mi casa donde también leo. Mientras tanto sé en qué pasillo y en qué fila de las estanterías de la izquierda de la biblioteca grande de la ciudad donde leo está la llave que Tanizaki esconde, la llave de su brillante prosa. Bah, brillante digo, qué pobre; de su charolada prosa, caramba.

La llave de Tanizaki (Muchnik Editores, 2002), repito. Novela de la que poco puedes decir. Si eres considerado con el lector potencial, y lo soy, debes callarte, debes pensar bien qué vas a decir de la misma. Nada, yo no diría nada porque por donde la pellizques desvelas. Es así de mágica. Está envuelta en papel de charol, es una obra corusca, deslumbrante. Su desenlace es el que revaloriza toda la obra. Otro final, Tanizaki, con otro final no hubieses triunfado. ¿Qué más, Leyente CinZano? Pues… También es la primera obra de Tanizaki que leo. Siento que he perdido el tiempo por no descubrírmelo antes. Pero para eso está Quimera, joder, las revistas literarias están para eso, para que nos restrieguen en la cara lo incultos que somos y lo poco que leemos. Bueno, yo creo que ando en la media. Sesenta y ocho libros este año no está mal. Tanizaki cierra el año. Creo que me traerá suerte para el que viene; además, como es impar. Japón es un país impar, no lo dudo. España no, España es un país primo. Que sí. Bueno, no sé, los años impares son muy bonitos pero no tengo buenos recuerdos del 2007, la verdad. Yo quiero ir a Japón alguna vez pero estoy en España, que es un país primo, ¿lo repito?

La llave gira alrededor de dos diarios que escriben dos protagonistas, un marido y una esposa. Japoneses, japoneses. La cerradura de la llave es un triángulo. Ambos persiguen, sin saberlo, el diario del otro. El marido y la mujer tienen una hija que a su vez tiene un amigo con el que se va a casar. No dicen la fecha de la boda -este dato es insignificante-. Ni la hija ni el amigo de la hija escriben. Ellos actúan, son parte de un triángulo, el de la cerradura. ¿Un triángulo o un cuadrado, CinZano? De un triángulo, joder, está claro; la cerradura de la llave es un triángulo. La llave pertenece al diario del marido. La mujer escribe su diario con letra pequeña; detalles terciarios, estos son los detalles terciarios. La miga está dentro del bollo que a su vez está untado con atún, con caviar y con sibaritismos propios de las fechas en las que nos encontramos.

Yo no digo nada. Bueno sí, mañana como lentejas. Pero no soy italiano, pero mi mujer se ha empeñado. Mi hija de cinco años dice que come fuera mañana. Lo que sí sé es que he acabado el año con una novela japonesa de un autor que entra en la nómina de autores favoritos. No todo iba a ser Vila-Matas, ¿verdad?

Próxima calle: Un mortal sin pirueta de Ernesto Calabuig. Ediciones Menoscuarto. Leyente, ¿quién llegará antes?

Feliz entrada de año 2009, y de años. Uno más para la Tierra, uno menos para Nosotros. Qué pena.

Imagen de Mel Kendrick. 7 Cerraduras. (Ah, que lo olvido: odio a la gente que no referencia las imágenes en sus blogs, ¡cafrones!).

El talento de los demás de Alberto Olmos (370)


Me muero de vergüenza. Sé que me voy a arrepentir de escribir lo que voy a escribir. Estaré muy arrepentido pero me tira tanto la zeta de cinZano… Después de lo que han escrito sobre esta novela los que saben, los snobs de la literatura, los pedantes y críticos afamados, los chupapollas y chupachochos de este mefítico mundo literario, yo, lector culto y de culto con zeta de cinZano, siento cierto acojone. O miedo, amilanamiento; me entra la canillera y el culillo se me descompone. Me da vergüenza opinar pero opino. Además, cuando creé este blog lo hice con la única y propia finalidad de tener registrados los libros que leía. Ya está (imaginad las admiraciones). Existía entonces una advertencia (advirtiendo había escrito -puto gerundio-) que rezaba como así: “Ni soy crítico ni me hago mojitos; tampoco pajas. Sólo bebo whisky los viernes y los sábados por la noche, de madrugada; miento, no es whisky lo que bebo sino Jack Daniels (Tennessee) o cualquier otro bourbon que llegue a ese nivel; miento de nuevo; Jack Daniels no es un bourbon, es un tennessee.” Cinzano, céntrate. Y Cinzano se centra. Sobre la mesa un Jim Beam con un cubito de hielo. El Jim Beam estaba de oferta en el Carrefour. En el Carrefour no venden violines. Mario Sut nunca debió visitar el Carrefour. Por este simple hecho, Mr. Sut me ha caído bien que es lo mismo que no decir nada o que decir que la música de Paganini estaba compuesta para él. Joder, y la estuvo.

Cinzano centrado. A pesar de ello, sigue sin ser crítico literario. Un advertisement molón. ¡Cinzano!

El talento de los demás (Lengua de Trapo, 2007). Esta es la obra. Nimia digresión: Lo primero que imaginé cuando descubrí a Mario Sut fue que al final del libro conseguiría fichar por Billy Talent y conseguía reinventar al grupo canadiense. Pues no. Vaga ilusión. Vaga ilusión porque El talento de los demás es pura lateralidad. Es divergente a partir del punto y final de la primera parte (El talento de Mario Sut), que es la que mejor he digerido como lector domesticado que soy -aunque estoy en pleno proceso de desintoxicación o como me invento ahora, de desdomesticación-. Se lo diré a Alberto.

La segunda (El talento de los demás), es la más puro -de habano-; muy mañera, dicen. A mí no me gustan los Corn Kronen-. “Ah, pues no sé, será mañera”. Pero repito, no me gustan los Corn Kronen. En esta parte el lector es un vagón que busca locomotora y sólo cuando está a punto de engancharse, divisa la tercera parte y sale de ella sin alcanzarla, la locomotora de la segunda, digo. Y una mierda. Cuando entra de lleno la tercera parte el lector es otro. Olmos entrena. Olmos te ha entrenado para que, al comenzar la tercera parte (Un final para Mario Sut), seas capaz de proferir cosas tales como: “¡Cómo se flipa este tío!, esta parte la escribió colocado, medio borracho, de la mano de Artaud y Jarry, con dosis de ¿monólogos? -que CinZano intuye, “¿qué intuyes, Cinzano, el Col de Sut?-” Pues intuyo que es un catálogo de Mini Cooper, todos lindos, todos geniales, cuarto y mitad de regodeo, medio kilo de orgasmo para el lector que sigo intuyendo (qué asco de gerundios) que son mezcla de elucubración y surrealismo.

Llegas al final con ese puntillo de feria de pueblo preguntándote dónde has perdido la cartera, dónde te has dejado a la novia, dónde el talento de tu madurez. No tengo talento, lo sé.

Y te duermes, y aplaudes en sueños pero te callas ya; no tiznas de más halagos la sombra que proyecta el olmo sobre la tapia de tu cortijo. Porque tu cortijo necesita libros como este pero te callas como una puta, o como una suripanta que busca a Maupassant y a un general nazi.

Yo ya (ye-yi-yu) quiero otra novela. Así está: situacion de la próxima novela.

PD: Por cierto, vaya mierda de portadas para El talento de los demás, tanto la de Lengua de Trapo como la de Punto de Lectura. ¿Por qué consiente un editor esas chapuzas?

Próxima estación: La llave, de Junichiro Tanizaki. (Shhhh, la he empezado. ¡Qué magia! la de estos japoneses que ya están muertos.

Imágenes de Sarah Longlands, Inacabado y Arman, Violines violentos II

Los niños terribles de Jean Cocteau


Circunstancias de escritura. Cocteau escribió esta novela en una muy concreta circunstancia de su vida. La escritura es vida, y viceversa. Lo escribo para leerlo: la vida es escritura. Jean Cocteau escribió Los niños terribles (Cátedra, 1989) a siete páginas por día, como afirma el propio autor en una entrevista televisiva de 1963 (¿estará en Youtube?). Jean Cocteau estaba desintoxicándose del opio a costa de Mademoiselle Chanel. Ella estaba harta de sufragar el gasto de la clínica. Cocteau buscó una excusa: la escritura es vida y la vida es escritura. Y se puso a escribirla para seguir allí, al calor del nuevo círculo de amistades. Cocteau era homosexual, Cocó Chanel… Todo claro.

Los niños terribles es una novela que surge de esta afirmación de Cocteau: “Escribía siete páginas al día. Creo haber contado que escribía diecisiete, pero eso es una fanfarronada marsellesa. Escribía siete páginas al día, ni una más. Y en mitad del libro, cuando Elisabeth se casa con el joven americano, quise decir cosas que me interesaban acerca de América. Quise mezclarme en el libro, actuar por mi cuenta, y el mecanismo se rompió. Tuve que esperar quince días para que volviera a ponerse en marcha“. Ojo, escritores.

Cocteau expulsa un libro, él mismo lo dice, ese es el verbo que emplea. Lo defeca, traduzco. “Estoy expulsando un libro que deseaba escribir desde 1912… El libro sale sin atropellos -me guía, me maltrata- y hago en diecinueve días un trabajo de varios meses. Escribí Los niños terribles obsesionado por Make Believe (Snow Boat); quienes gustan de este libro deben comprar el disco y releerlo mientras lo escuchan.”

Los niños terribles necesita otra edición. La traducción es pésima. Leer con pico y pala es tortuoso. No soy traductor, ni editor, ni escritor; soy lector con la suficiente capacidad para asegurar que la traducción de esta obra de Cocteau empantana al lector. Pésima.

El argumento está en el libro, léanselo. El inicio de la novela me ha recordado al inicio de otra que leí a comienzos de este año que se acaba: La hoja plegada de Maxwell (Libros del Asteroide, 2007). Dargelos, protagonista de Los niños terribles es el Spud de Maxwell. Demasiadas analogías para distintos argumentos.

Buenas noches.

Imagen de Francisco Morales. Niño Contemplándose.

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